Instruye a tus hijos
La Biblia indica que los padres debemos instruir a nuestros hijos, de tal manera que esa intrucción quede impregnada en ellos a lo largo de toda su vida, y que incluso llegue hasta la senectud (Pr. 22:6).
Dicha instrucción debe ser completa, es decir, debe atender el aspecto físico, emocional y espiritual de los hijos, porque, lamentablemente, muchos solo se enfocan en el aspecto intelectual y dejan por un lado lo emocional y sus hijos crecen con un alto déficit de amor, no digamos el aspecto espiritual.
En el libro de Proverbios encontramos varios parámetros que nos ayudan a la tarea de educar/criar a los hijos, veamos:
- Instrucción (Pr. 22:6), se traduce del hebreo “muwcar” que significa: reprensión, reconvenir y advertencia. La base de la educación de los hijos es la explicación adecuada y repetitiva (Fil. 3:1) para sembrarles la Palabra de Dios y guiarlos en caminos correctos.
- Corrección (Pr. 16:6), se traduce de “yacar” que significa: castigar figuradamente con palabras. Su propósito es corregir el mal camino que el hijo está llevando para evitar que se desvíe, esto evita que el hijo continúe equivocándose e incluso lo librarlo de la muerte (Pr. 19:18; 29:17,19; 5:23 RV60)
La Biblia muestra ejemplos de padres que no corrigieron a sus hijos y las consecuencias que éstos vivieron: David - Amnon (2 S. 13:1-7), Elí - sus hijos (1 S. 3:27-29)
- Disciplina (Pr. 13:24), se traduce del hebreo “yakuh” que significa: razonar acerca de, discutir y decidir. La disciplina se aplica a los hijos luego que se les ha instruido y corregido, pero ellos no responden adecuadamente.
Se utiliza reduciendoles ciertas libertades, eliminándoles privilegios, poniéndoles prohibiciones, etc.; en Hebreos 12:5-12 vemos que Dios le aplica la disciplina a sus hijos para no juzgarlos con el mundo.
- Castigo (Pr. 19:18), se traduce del hebreo “wakah” que significa: golpear y pegar. Este va dirigido al cuerpo, e implica el uso de la vara sobre los hijos; el castigo debe ser administrado con amor, pues el propósito es corregir a los hijos y no lastimarlos.

