Educación y formación de los hijos
Desde hace un buen tiempo me ha llamado la atencion cómo los medios de comunicación están “educando” e incluso formando el carácter a las sociedades. Un claro ejemplo de ello se ve en las palabras y expreciones que la gente utiliza; por ejemplo, por acá en Guate-linda cada vez más las personas hacen uso de palabras, expresiones y modismos de nuestro vecino pais del norte, México, y se debe a que mucha de la programación de TV es de contenido de ese país*, lo mismo ocurre con la música de las radios. Podríamos hablar de modas, cortes de cabello, comportamientos y más aspectos que son adquiridos en base a la “educación” adquirida desde la TV, el cine, internét, revistas y otros medios.
Pero como este es un blog familiar, quiero trasladar ese concepto hacia el hogar; porque dependiendo de la cantidad de tiempo, la calidad de contenido e incluso a las horas que se dejen a los hijos ver TV, hacer uso de internét, ir al cine, etc.; de esa misma forma su carácter irá siendo formado o, en el mal menor de los casos, influenciado. Por ello es necesario que, como padres de familia, nos preguntemos ¿Quién está educando a nuestros hijos?, ¿Cuál es la información y los criterios que le están dando forma al carácter de nuestros hijos?
Vemos pues lo sorprendente o terribles que pueden ser los resultados de que no sean los padres de familia que, en base a la Biblia, eduquen a sus hijos, sino los medios de comunicación. Les dejo un extracto de una noticia que tomé de BBCMundo.com que hace referencia a un estudio realizado en EEUU:
Hispanos “pegados” a la pantalla
Los adolescentes hispanos y negros son quienes más usan medios en Estados Unidos, según un informe elaborado por la Kaiser Family Foundation de California.
El estudio afirma que...
A través de la historia hemos sabido de millones de personas alrededor del mundo que le han abierto la puerta de su corazón a Jesucristo, lo que ha cambiado sus vidas, transformándolos en nuevas personas que dejaron en el pasado la vida de esclavitud al pecado (Ap. 1:5); sin embargo, también se sabe que muchas de esas personas no experimentan el mismo grado de transformación en su hogar1 porque siguen padeciendo de los mismos problemas y adversidades que antes de conocer al Señor.
Cuando una niña de 8 años y medio comprueba que el espacio donde se sitúan sus pechos se empieza a abultar, y ve que emergen más unos pequeños pezones, suele sentir temor, una especie de miedo a ser descubierta por sus padres, sus hermanos y, sobre todo, sus compañeros de clase. A ninguna niña de esa edad le gusta tener un cuerpo distinto al de sus amigas, y aún menos, que cambie sin que lo haga el del resto de chicas de su grupo más próximo.
La Biblia narra que cuando Dina, hija de Jacob, salió para ir a visitar a las hijas de la tierra, se expuso al asecho sexual de los habitantes de ese lugar y en consecuencia experimentó de forma incorrecta las relaciones sexuales, pues fue abusada sexualmente por Siquem. (Génesis 34:1-2).